La vida es injusta

Tras sorprender con La Caja 507, Urbizu se consagró con esta gran película sobre los problemas de familia, los secretos y sus consecuencias.

Un matrimonio humilde y su hijo viven en un barrio de Madrid. Él –un  dicharachero Juan Sanz– es camionero, no tiene apenas trabajo, y por si fuera poco, se juega el sueldo jugando al póker en el bar de abajo. Ella –una guapa y desilusionada Zay Nuba– trabaja en una oficina, cuida del niño y las pasa canutas para llegar a fin de mes. La infelicidad de ella y la ludopatía de él son cada vez más palpables. Con este panorama y por casualidad, aparece el hermano de él, Pedro.

Y Pedro no es otro que un superlativo José Coronado. En la que para mí es la mejor interpretación de su carrera, Coronado coge las riendas de esa familia. Y lo hace con estilo. Cocina, lava y plancha su ropa, hace la compra familiar y como buen personaje moderno, sin dar explicaciones de que ha estado haciendo durante todos esos años. Un hombre opuesto a su hermano, tranquilo y de pocas palabras, siempre vestido de traje, seguro de sí mismo y que guarda más de un secreto. Un hombre de “camisa blanca y corazón oscuro”.

Una historia que te atrae por sus inspirados diálogos y su costumbrismo familiar, pero que sin embargo te atrapa por su misterio, por lo que no se dice y por pequeños momentos como una partida de cartas, un colgante de diamantes o un simple afeitado. El misterio es conducido con serenidad por parte de Urbizu y finalizado con un sentimiento en forma de preguntas:

¿Por qué tengo que salvarle el culo a mi hermano?

¿Por qué un miserable que se juega al póker la comida de su familia, tiene una mujer tan guapa?

¿Por qué no le deja y se va conmigo? (quizás la respuesta esté en el guiño de Urbizu a Juan Bardem con la Tv que emite el final de Calle Mayor)

¿Por qué me fui?

¿Por qué no he venido antes? ¿Volveré?

En la vida hay partidas que no se pueden ganar, cosas que se escapan de nuestro control, decisiones que carecen de razonamiento y preguntas que no tienen respuestas. En la vida sólo hay hechos y consecuencias. Porque la vida mancha, y algunas manchas no se pueden borrar. Y porque muchas veces la vida también es injusta.

Una película que me toca y que me remueve. Tras el desenlace sólo puedo pensar que Urbizu es un canalla. Un canalla que sabe hacer cine.

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