Birdman o (la inesperada virtud de la envidia sana)

Birdman es la película que llevaba años deseando ver en el cine. Toda una revelación, una exhibición de planificación, puesta en escena y movimientos de cámara. El plano secuencia que dura todo el filme no es un capricho de Iñarritu, es un derroche de creatividad, un continuo deslizamiento narrativo sin cortes – hay truco- con claras elipsis temporales que despiertan mi absoluta admiración.

Birdman es un continuo baile de una cámara deslizándose por los pasillos de un teatro, entrando por una ventana, girando alrededor de los personajes, saliendo y entrando de la calle o subiendo y bajando de una terraza. Un trabajo técnico impresionante, una virguería fotográfica de Lubezki –por segundo año consecutivo- en la que no puedo ni imaginar las labores de iluminación. Esa sensación de suavidad y de acompañamiento es casi sensorial y escapa de toda palabra. Es como cuando uno intenta describir la opening scene de Sed de mal. Experiencias únicas como estas se viven y se recuerdan, pero no se explican. El talento no tiene explicación.

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Si la técnica es soberbia, el acting no se queda atrás. Un casting inmaculado que da como resultado uno de los mejores repartos del cine reciente. No falla ni uno, todos están fantásticos. A Michael Keaton le ha pasado lo mismo que a Travolta en Pulp Fiction. Ha renacido de sus cenizas cual ave Fénix para lograr la mejor actuación de su carrera. Y para ello ha tenido que interpretar a Riggan, un actor en horas bajas y cuyo éxito llegó años atrás interpretando a un superhéroe. ¿Les suena de algo?

Una poderosa Emma Stone desborda en el papel de hija de Keaton. Un monólogo a su padre sirve como demostración de carácter y tablas. Un “gafapasta” Galifianakis supera con creces la resaca de Las Vegas y logra un cambio de registro a tener en cuenta. Edward Norton es denominación de origen, siempre garantiza un alto nivel de calidad, y formando pareja con una notable Naomi Watts da lugar a uno de los puntos más cómicos del filme.

En cuanto al argumento, coincido de lleno con los que piensan que Iñarritu ha filmado El Crepúsculo de los dioses de nuestros días. Un culto satírico, cómico, negro, surrealista o superrealista – vaya usted a saber- a la fama exprés tecnológica, al éxito, al terrible daño que puede hacer un crítico, pero tampoco falta su particular “pullita” a la inundación de los banales blockbusters que llegan a las carteleras.

Birdman es un oasis en el anquilosado panorama actual en el que se encuentra la industria. Un aspirante a director como el que les habla, entiende hoy mejor que nunca el significado de la envidia sana.

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