Rush: dos maneras de ganar, dos maneras de vivir.

En el mundo del deporte hay muchas historias realmente increíbles. Y la Fórmula 1 no es diferente en este aspecto. Una competición con grandes pilotos, coches míticos e inolvidables rivalidades. Ya habíamos visto en 2010 en “Senna”, el histórico enfrentamiento entre Ayrton Senna y Alain Prost. Asif Kapadia consiguió realizar un documental muy emotivo y casi místico. Ahora era el turno de Niki Lauda y James Hunt. Un duelo y una historia especial que por fin tiene la película que se merecía.

Una cinta que va in crescendo desde los andares de ambos pilotos en la Fórmula 2, pasando por su llegada a la Fórmula 1, y hasta llegar al campeonato mundial de 1976. Una película vibrante, con decenas y decenas de planos desde diferentes partes del coche, lo que unido a los excelentes y contundentes efectos de sonido hacen que sigamos las carreras con mucha intensidad y presión.

El gran mérito de Ron Howard es haber conseguido una cinta para todos los públicos. Conozcan o no la historia de estos dos pilotos y sean o no seguidores de la Fórmula 1, la película es apasionante y emocionante. Apasionante porque las carreras están muy bien recreadas, en todo momento parece que las estamos viendo en directo. Con un pobre presupuesto (unos 30.000.000$) el director y la gran fotografía de Anthony Dod Mantle (ganador del Oscar por Slumdog Millionaire) han logrado una película con gran poderío visual. Han sabido captar de manera notable la estética setentera.

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Y emocionante –el propio Lauda cuenta que lloró al verla– porque en la parte final, y gracias a la lúgubre B.S.O. de Hans Zimmer, se mezclan sentimientos como el sufrimiento, el dolor, el esfuerzo, la competitividad o el amor, de una manera muy convincente. Los minutos del Gran Premio de Japón son el techo del film. Unos minutos impagables, quizás los mejores de una película de coches. La textura grisácea de la lluvia, las miradas en la línea de salida, el rugir de los motores, la tensión en los boxes, y esa sintonía sonando una y otra vez, nos trasladan mas a un funeral que a una carrera. Y es que otra cosa que Howard quería dejar claro en esta película, es que en aquella época por encima de ganar, estaba sobrevivir.

Inmejorable el homenaje a ambos en los últimos cinco minutos. El reflejo del deporte, el espejo de la más pura competición, dos rivales, dos enemigos, dos formas de afrontar las carreras, dos formas de entender la vida y en especial, el respeto que sentían en el fondo el uno por el otro. Un gran acierto finalizar de esa manera el largometraje.

Los actores realizan buenas interpretaciones, a Chris Hemsworth no le puede venir mejor el papel de guaperas y playboy. Daniel Brühl quizás es más destacable por su caracterización y el difícil reto que suponía imitar el acento del piloto austriaco. Sin embargo, lo que hace a Rush subir a lo más alto del podio es la historia y la forma tan enérgica de contarla.

8/10

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