Pienso, luego existo. Pero… ¿Existo, luego pienso?

“No perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, sólo podía decidirla un gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde de los subalternos.”

Hannah Arendt quiere que reflexionemos sobre estas palabras de Adolf Eichmann. Desde una perspectiva filosófica cuestiona la banalidad del mal. Para ella un líder nazi como Eichmann era un Don nadie. Le describe como una persona con un lenguaje burocrático que se limitaba a cumplir órdenes. Un ser incapaz de pensar, entendiendo como pensamiento el diálogo que mantenemos en silencio con nosotros mismos.

Bajo este razonamiento Hannah considera que Eichmann no fue consciente de los asesinatos perpetrados en aquella época. Las palabras de Hannah en “The New Yorker” causaron un revuelo tremendo. El mundo no podía entender como una judía exculpaba a una persona que colaboró en el Holocausto. Supongo que la herida todavía estaba abierta y no era fácil entender las palabras de Hannah.

Ella se alegra de la condena y aclara que los crímenes contra la humanidad no pueden quedar impunes. Pero Hannah va a hacia lo profundo, hacia lo desconocido del comportamiento humano. Cree que una persona no es ni buena ni mala, son las circunstancias las que lo definen.

A pesar de no ser lo mismo, este sería un ejemplo para entender lo que decía:

Si un policía mata a una persona por defender al presidente del gobierno, no estaría actuando mal. Sería un funcionario que cumple con las normas del sistema. El policía no es bueno, ni malo, simplemente actúa bajo las órdenes de un sistema político.

Es un tema muy juicioso y complejo. Las escenas en la que fuma uno de sus innumerables cigarros son la muestra de la idea de entender el pensamiento como el diálogo en silencio con uno mismo. Los diálogos con los estudiantes y el convincente alegato final ayudan mucho a entender el concepto de la banalidad del mal. Compartir o no esa creencia ya es otro cantar. Margarethe von Trotta no juzga, expone con claridad la teoría de Hannah y consigue la reflexión y el debate entre los espectadores.

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A pesar de tratar un tema peliagudo, la película cuenta con algunos toques de humor reprensentados en la relación que mantiene Hannah con su marido y amigos. Una manera inteligente para que el público conozca a la otra Hannah. A la Hanna familiar. Otro detalle más de una buena dirección.

El papel está prodigiosamente interpretado por Barbara Sukowa. Una mujer con un poder en la mirada y un rostro tan firme que se apodera de la acción y la lleva a su terreno. Una interpretación que transmite la elegancia, la fuerza y la serenidad que tenía Hannah.

No voy a negar que alcanzada la primera hora la película demandaba un impulso. Más allá de la reflexión y la buena interpretación, la cinta necesitaba más fuerza dramática para acabar siendo más sólida. Sin embargo, la sensación final es la de un biopic interpretado con pasión y que exige razonamiento.

6,5/10

Nota: Mil gracias a los amigos del Festival de Cine Aleman de Madrid. Lo organizaron muy bien y fue un placer asistir 🙂

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2 comentarios en “Pienso, luego existo. Pero… ¿Existo, luego pienso?

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