¿Escribimos el final?

Tomboy es un ejemplo de sencillez, sutileza y cariño. La historia de una niña atrapada en un cuerpo equivocado. Y lo que es peor, en un mundo que se equivoca. Un filme aparentemente fácil de hacer pero que esconde trazos de gran cine.

Un guión con pocas palabras. Son los detalles como un escupitajo, un bañador o un simple trozo de plastilina los que transmiten el miedo, la vergüenza y el sufrimiento de la pequeña Laure. Es la ternura de su adorable hermana pequeña la que enseña al mundo el significado de las palabras devoción, amor y apoyo.

Una relato sobre el autodescubrimiento de una edad tan inocente como cruel. A ratos dulce y a ratos amarga pero sin atisbos de morbo o segundas intenciones. Una película con un final a medio camino entre la certeza de un futuro más fácil y de un difícil presente.

Un final que la sociedad, y no un guionista, debe escribir.

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