Al Pacino, mucho más que Michael Corleone

La infancia de Al Pacino no fue fácil. Vivió en pleno East Harlem, empezó a fumar a los 9 años de edad y a beber alcohol y fumar marihuana a los 13. Dejó los estudios a los 17, hecho que le hizo discutir con su madre e irse de casa. Trabajó en oficios mal pagados como ayudante de camarero, portero o mensajero. Incluso, como confesó hace unos años, llegó a prostituirse a cambio de alojamiento y comida. Una vida francamente difícil que no impidió que luchara por su sueño, ser actor.

No quiero homenajear a Al Pacino contándoles toda su vida o su trayectoria profesional  pero es inevitable dar pequeños datos para conocerle más a fondo. Yo quiero hablar de Alfredo James Pacino (este es su verdadero nombre) por su influencia en el mundo del cine y en mí personalmente.

No voy hablarles de su papel en la trilogía “El Padrino”. ¿Qué se puede decir a estas alturas de semejante película y actuación? Al Pacino sera eterno gracias a Michael Corleone. Es la referencia de los años 70.

En aquella década, concretamente en 1973, llegó “Serpico”, una fantástica película en la que veíamos a un Al Pacino muy diferente respecto a su papel de Michael. La imagen de un Al Pacino hippie con barba, recorriendo Nueva York en moto es inolvidable. Pero no quiero hablarles de Serpico.

A principios de los 80 su carrera tuvo una leve caída, entonces llego “Scarface” y colocó al actor neoyorquino de nuevo en la cima. Pero tampoco quiero hablarles de ella. Ni de ella, ni de “Tarde de perros”, ni de “Justicia para todos”.

Michael-Corleone-The-Godfatherserpico-lc-1a[1]

Hace unos meses leí una entrevista a mi admirado Arturo Pérez Reverte. El gran Arturo respondía a la pregunta: ¿tanto poder tienen una mirada? de la siguiente manera:

“La de la mujer sí. Te puede matar. Es letal. Una mirada de desprecio de una mujer superior, y casi todas las mujeres, hasta las tontas, suelen ser superiores, es algo que un hombre no borrará nunca de su memoria. Es el peor baldón que puede llevar sobre su conciencia. Si no hay una mujer inteligente que te dé replica, que toque tus puntos vulnerables, pasas por la vida sin enterarte de nada”

Inmediatamente esas palabras me hicieron recordar una de sus películas. Como ya habrán adivinado, quiero hablarles de “Esencia de mujer”. Pero antes quiero apuntar otro dato.

A pesar de que la historia nos ha enseñado que muchas veces no son justos, me encanta ver la ceremonia de los Oscar. Un premio que Al Pacino debió ganar por “El Padrino II” y que Art Carney le birló. Lo del premio es lo de menos, pero actores de este tipo deben tener un reconocimiento. Y por fin Al Pacino lo iba a tener:

Fue el 29 de Marzo de 1993 (hoy se cumplen 20 años). Aquella noche Al estaba nominado por partida doble. A mejor actor por “Esencia de mujer” y en la categoría de “Mejor actor de reparto” por su notable interpretación en “Glengarry Glen Ross”. Con esas dos, ya eran siete las veces que Al había estado nominado. En mi opinión le estaba pasando lo que le está pasando ahora a Leonardo Di Caprio. Sin razón alguna estaba siendo vilipendiado por Hollywood, menospreciado por una Industria a la que le había dado tanto durante largos años.

No se hizo con el premio a mejor actor de reparto pero llegó el momento de entregar el Oscar al mejor actor. Jodie Foster era la encargada:

Fíjense como Al Pacino mira al cielo como diciendo “Gracias a Dios, ya era hora”. Y sobre todo fíjense como el Dorothy Chandler Pavilion al completo (incluido Clint Eastwood) se pone en pie para ovacionar, y en cierto modo pedir disculpas, a uno de los mayores talentos que ha dado la historia del cine.

Premios aparte, Al Pacino es muy querido en la profesión. Cuando alguien le hace un favor sabe como devolverlo. Charles Laughton, director de “La noche del Cazador”, fue uno de sus primeros profesores y se convirtió en su mentor y mejor amigo. Más tarde conoció a Lee Strasberg, actor y profesor de actuación que fue clave en su carrera. Al quiso agradecerle todo lo que había hecho por él de alguna manera, y le consiguió el papel de Hyman Roth en el “El Padrino II”.

Son detalles que hacen de Al Pacino un gran actor y una gran persona.

Les dejo con la crítica de Esencia de Mujer.

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